martes, 18 de septiembre de 2012

Hola al fin, y un cuento


Buenas tardes, tanto que retomo mis comentarios en este espacio.  Anduve lejos de todo.  Hace como un mes hablé de esta bitácora durante una cena de magníficas pizzas, cuando me pidieron la liga de este blog, simplemente me enredé con blogspot y spotblog, y desistí.  Andaba bajo la influencia de mis males físicos y hasta hace unos días aflojaron.

Hoy me distrajo una invitación a comprar novelas del racista, esclavista, tumultuoso sur de los Estados Unidos.  Para mi fue una invitación a deshacerme de los pretextos y retomar mi propia contribución puesta a  madurar.

Está lo del juicio en la Corte de Connecticut a un hijo de la Universidad de Yale, Ernesto Cedillo, responsable de la matanza de Acteal.  Pero, no lo comentaré aquí.

La bronca entre Japón y China por unas islitas.  ¿A quién apoyará Obama?  ¿A las Islas Mal… o a las Fuc…Islands?

Pero la verdad es que todo es mero prólogo a platicarles que hace unas horas terminé: El Hombrecillo, cuento que irá a formar parte de Acabados con Tachones que algunos saben se encuentra en www.acabadoscontachones.blogspot.com    Aquí algo de:

El hombrecillo

 

El exceso de miedo zarandeó con tal fuerza el maltrecho cuerpo del hombrecillo que éste se liberó del espanto que por horas se le había acurrucado en su pecho.  Logró sentarse a la orilla de uno de los dos bloques de espuma polimérica que componían su cama.  Verse vestido disminuyó la contrariedad de ponerse los zapatos, y aún más al dejar las agujetas sueltas.  La lengua rasposa y reseca lo obligó a moverse hacia el grifo del agua.  Avienta de regreso contra el trastero el mug cuya leyenda reza: ‘No beberás el agua pública, jamás’.  Tiene mucha sed. Da dos pasos, abre la puerta sin saber que la angustia aumentará.

Llueve. Como todas las tardes, llueve.  Toma su rompevientos de atrás de la puerta. El hombrecillo baja con cuidado refunfuñando más que lo cotidiano por la altura excesiva del único escalón.  Da dos vueltas a la cerradura sin aceitar.  El empedrado de la vecindad está mojado pero no anegado. Abre el pesado portón de la manera convenida con los vecinos.

Confuso, el hombrecillo voltea hacia la tienda de abarrotes.  Cerrada.  Siente la angustia en la boca del estómago, juntándosele con la de la duermevela reciente.  No sabe dónde comprará agua embotellada.  Por no dejar, el hombrecillo mira más allá del estanquillo buscando el expendio de pan.  Cerrado.  También por no dejar y con el rompevientos puesto el hombrecillo se encamina hacia la parada del autobús.  Como son varias cuadras se entretiene contando y catalogando los diversos objetos que la gente usa para reservar espacios donde estacionar automóviles: Sombreros de brujo color jalogüin, botes para cargar cemento con o sin cemento, llantas viejas, cajas de madera para la fruta, rejas de coca, etcétera.

 

Continúa en www.acabadoscontachones.blogspot.com

   

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